A partir de hoy, me deshago de mi propia persona que:

Aspira a ser y a hacer.
Busca ser perfecto.
Contesta.
Critica.
Da por sentado las cosas.
Demuestra inseguridad.
Es candil de la calle, oscuridad en su casa.
Es prepotente.
Habla a espaldas de los demás.
Habla acerca de lo que la gente dice.
Habla más de lo que hace.
Juzga o evalúa, en lugar de comprender.
Le gana el ocio.
Le gana la flojera.
No hace algo al respecto.
Pospone.
Quiere quedar bien con todos.
Se deja manipular fácilmente.
Se fija más en las vidas ajenas.
Se guarda todo, sin reconocer que un día explotará.
Se hace chiquito o se menosprecia.
Se queda callado en momentos clave.
Se queja.
Sobrepiensa.
Sólo es un espectador de sí mismo.
Tiene envidia.

A partir de hoy, me deshago de mi propia persona que:

No admira.
No ama a todos por igual.
No busca hacer el bien en todo momento.
No dice lo bueno de las personas.
No es amable.
No es atento.
No es capaz de cambiar su sentido del humor.
No es capaz de terminar algo.
No es ejemplo a seguir.
No es proactivo.
No escucha.
No expresa lo que siente.
No reconoce que es el único responsable de su vida.
No reconoce que tiene el poder de cambiar las cosas.
No saluda por pena.
No se perdona a sí misma.
No se salva primero a sí misma.
No se va un día a la vez.
No sea agradecido.
No tiene autodisciplina ni constancia.
No tiene paciencia con sus padres.
No trata de ser siempre el mismo en cualquier situación.
No ve por ella misma.