El día que llegue a enseñar a manejar estándar a alguna persona, antes de enseñarle todo el conocimiento técnico que involucra dicha actividad: prender el carro, arrancar, meter velocidades, etc. voy a pasarle este pequeño manual.

Puede que se saque de onda y hasta me tache de ingenuo, pero, sin duda, cambiará la manera en que percibirá las lecciones. Me hubiera resultado muy útil tenerlo antes de aprender a manejar estándar, pero fue mejor el haberlo descubierto y vivirlo en carne propia para su posterior elaboración.

Yo sólo quería aprender a manejar estándar.

No imaginaba que una simple lección de manejo, me iba a traer un arsenal de lecciones aplicables en cualquier ámbito de la vida. No nos damos cuenta de muchas cosas porque parecen ser insignificantes y rutinarias, pero sin duda, hasta la más común actividad cotidiana viene con enseñanza incluida. Sólo hay que prestarle atención y descubriremos grandes cosas.

Desde que aprendí a manejar, siempre lo había hecho en un carro automático. Cuando llegó a haber un carro de transmisión manual en mi casa yo no estaba en edad para manejarlo y sinceramente, no me importaba si eran de un tipo u otro, a fin de cuentas, servían para lo mismo.

En aquel entonces, tenía ocho años "manejando". Sí, entre comillas, porque mucha gente me decía que no tenía chiste sólo meter el acelerador. Puede que tuvieran razón, pero también el hecho de manejar involcura, conocer/obedecer señales de tránsito, frenar a tiempo, estar bien espaciado, respetar al peatón, marcar direccionales, etc.

Alguna vez me llegué a subir a algún carro estándar de algún amigo con la intención de aprender, pero, tristemente, el gusto me duraba muy poco o también sólo quedaba en:

- "Cuando quieras yo te enseño a manejar." -

Recuerdo una ocasión en que estaba en la escuela y de imprevisto, necesitaba ir a mi casa y como no traía el mío,  un amigo me prestó las llaves de su carro y justo en ese momento recordé que el suyo no era automático. Sentí una frustración enorme, y con la pena, tuve que regresárselas y al final, él mismo fue quien me llevó a mi casa.

- Si tan sólo supiera manejar estándar - pensaba para mis adentros.

No fue hasta que surgió la necesidad en mi familia de comprar un carro y desde que empezamos a buscarlo, les comentaba a mis papás que fuera cual fuera, lo quería estándar para aprender a manejarlo. Esto les inquietaba una poco, ya que cómo era posible que quisiera un carro que no sabía cómo manejar. Una vez que lo adquirimos, durante una semana mi papá me estuvo enseñando, pero no veía venir las grandes lecciones que aprendería de esos simples tutoriales.

Aquí les comparto el manual para aprender a manejar estándar:

Mentalízate

Días antes de que nos entregaran el coche, hice un meme de la Rana René que compartí en el grupo de mi familia en Whatsapp y tuvo gran éxito:

Para mí, reflejaba lo que no quería que pasara. No estaba en mi mente la opción de ver el carro estancado porque no sabía manejarlo. Por ningún motivo existía la posiblidad de decirle a mi familia
- Dejen me pongo a prueba un mes y luego vemos -

No! Tenía una semana, nada más.

Resulta evidente que tras el primer día de manejo me dijera para mis adentros:          -¿!En una semana se supone que ya voy a traer el carro yo?! -

Y sí, tenía que aprender, no había de otra. Si lo vemos de manera ruda, era una especie de necesidad.

Enfrenta el miedo

Sabía que existía la posibilidad de que se me matara el carro, cuándo podía ocurrir y las razones. Se convirtió en mi aliada. La conocí a fondo, la experimenté, la viví en carne propia y hasta le agarré cariño.  

Las primeras veces que se me mataba era porque no apoyaba bien el pie donde va el clutch y por ende, nunca lo metía o sacaba firmemente y como resultado: mi pierna estaba toda entumida.

Confieso que un día debido a la frustración inicial llegué a ver tutoriales en Youtube de cómo manejar estándar y ahí me tienen practicando al aire con mis pedales imaginarios.

Aprende a lidiar con la presión de terceros

Cuando estaba haciendo los primeros arranques, batallé un poco en encontrar el timing perfecto para sacar el clutch y empezar a acelerar suavemente. Mientras lidiaba con eso, el carro se me mataba.

No pasaba nada si iba en la colonia, pero si estaba en un semáforo de cierto Boulevard o Avenida principal:

- ¡Que Dios me agarre confesado! -

Me empezaban a pitar, echar las luces, llovían unas pocas mentadas y mientras, mi papá ponía las intermitentes por mi, porque yo estaba todo paniqueado ante la situación. Ya después hasta experimentaba una especie de adrenalina y poco a poco fui superando esa prueba de arranques.

Como me decía mi papá - "Te tiene que salir tarde o temprano, siempre vas a tener que arrancar. Entonces, vete haciendo la idea de que lo vas a dominar." -

Estate completamente en el ahora

Si llegaba a una situación en la que ya sabía que seguramente se me iba a matar el carro porque ya ha ocurrido así anteriormente y me preocupaba más por eso, se me mataba.

Si estaba pensando en que me pudieran llegar a chocar por algún descuido mío y me preocupaba más por eso, estaba más propenso a que pasara porque no estaba 100% atento.

De igual forma, tenía que estar más atento al tacómetro y velocímetro, por aquello del cambio de velocidades, escuchando y sintiendo el carro. Aparte, del camino: baches, carros, peatones, ciclistas, el perro que va cruzando. Absolutamente de TODO.

Sé empático

Aprendí a no pegarme tanto a los carros, porque nunca sabes si se le mata al de adelante y si no guardaban bien distancia, choque seguro. Eso me aterraba y hasta ganas me daban de poner un letrero que dijera "Aprendiendo a manejar".

También a no desesperarme. Si el de adelante no avanza rápido cuando cambia a verde el semáforo, ¡no debo pitar ni echar luces! ¿Qué tal si está aprendiendo a manejar y está batallando para arrancar como cuando yo iniciaba? Mejor, en lugar de ser su enemigo principal, me vuelvo su aliado.

Y es así como unas simples lecciones de manejo traen consigo enseñanzas aplicables para cada aspecto de nuestra vida. Sin duda, nuestras vidas serían muy distintas si siempre nos sintiéramos capaces de poder hacer lo que queremos; si encaráramos esos miedos que siempre nos ganan la batalla interna; afrontáramos el estrés y tomarlo como un rival a derrotar; estuviéramos 100% presentes, sin lamentarnos por un pasado ni preocuparnos por un futuro que no ha llegado; y por último, mostrando empatía, poniéndonos en el lugar del otro para comprender su situación y por ende, lo que siente o piensa.

Que sigan llegando esas actividades rutinarias que nos dejan grandes lecciones de vida.