Alguna vez llegó a mí la siguiente frase:

El veneno más poderoso es el arrepentimiento.

En esta ocasión, no me referiré al arrepentimiento de las cosas que hicimos, sino de aquellas que no llevamos a cabo.

Es un gran alivio identificarlas ya que es como si se activaran las alarmas y entráramos a un alto nivel de consciencia. Sin embargo, la clave reside en utilizar ese empuje y empezar a actuar. Si es demasiado grande y poderoso, la acción es inmediata. De lo contrario, ésta se va posponiendo. Aquí es donde se replantea la pregunta: ¿De verdad te arrepentirías de no haber hecho eso?

Hubiera. Debí. Pude.

Son palabras que nos pueden doler hasta el alma pues sabíamos lo que teníamos que hacer pero aún así no lo llevamos a cabo por ciertas razones, límites que nosotros mismos definimos, excusas o pretextos.

El paso del tiempo

Éste pesa muchísimo porque esta vida corre muy rápido. En un abrir y cerrar de ojos pueden pasar meses o incluso años. Cuando te percatas de ello puede resultar frustrante el no haber hecho algo al respecto o haber desaprovechado todas esas horas.

El antídoto para el arrepentimiento

En el otro lado de la moneda, también tienes que reconocer que tienes un montón de tiempo por delante y que nunca es tarde para empezar.Como bien dicen, los tiempos de Dios son perfectos. Te puedo asegurar que ahorita eres una persona que ha crecido en distintos aspectos y por ende, estás mejor preparado tanto física, mental, emocional como espiritualmente para cualquier oportunidad o reto que se te presente.

¡Empieza ahora!
No te quedes con ganas de nada.
No te quiebres la cabeza.
Emprende pequeñas acciones que, eventualmente, te terminarán acercando a lo que tanto quieres.