Cuesta volver a recaer debido a este detallito de fábrica.
Cuesta reconocer que tu ángel de la guarda está otra vez ausente.
Cuesta saber que comienza otra batalla más y estás desarmado.

Sin embargo...

Basta saber que no es la primera vez.
Basta creer que será temporal.
Basta sonreír.
Basta volver a adaptarte como ayer, como siempre.
Basta estar más atento a todo.
Basta pedirles que suban los decibeles de su voz.
Basta bajarle los decibeles a los miedos e inseguridades.
Basta apreciar que los ruidos se reducirán.
Basta admitir que te puedes enfocar aún mejor.
Basta reconocer que hoy más que nunca te puedes escuchar mejor a ti mismo.

Tranquilo, sigues escuchando y ese es un regalo enorme, pero no tan grande como el hecho de que sigues vivo.