Sí, puede que ese trabajo en el que estás hoy no te veas haciéndolo por el resto de tu vida. Muy dentro de ti, reconoces que hay algo más allá con un mayor propósito, que te regala satisfacción y realización o te da cierto sentido con tan solo visualizarlo.

El camino más fácil de esa resistencia es quejarte o amargarte la existencia.

Deténte un segundo y empieza a reconocer tu labor como una manera de servir o proveer valor. Eso que tú haces o tienes que hacer, tal vez, no te llene tanto y hasta se te haga tedioso en ocasiones, pero cuando observas los beneficios que trae a la organización o a la empresa, a la región, al país o al mundo, automáticamente, te das cuenta del poder de tu conocimiento y habilidades y de tu lugar en esa gran cadena de valor.

La opción que te queda es ya no hacer nada de mala gana ni mucho menos a medias.

Ve a ese empleo como un medio o una oportunidad para servir a los demás.
Tal vez, ya tengas un trabajo ideal y ni cuenta te has dado.