Hace falta que te veas
desde los ojos con los que te miran los demás.

Sólo así te percatarías
de lo grande y especial que eres.

Lo más cercano a ello
es pararte frente a un espejo.

Suspira.
Contémplate sin prisa.
Piérdete en tu mirada.

Sonríete.
Dite lo que necesitas escuchar.
Date la paz que tanto buscas.

Sánate.
Date unas palmadas en el hombro.
Recuérdate lo orgulloso que estás de ti.

Nunca sueltes a la persona que tienes enfrente.