Sí, admito que cuando mi mamá pedía que nos tomaran alguna foto mientras celebrábamos algún cumpleaños o un día especial, íbamos a algún lugar, teníamos un viaje, etc. hacía mi cara de disgusto. De mi boca salía el típico "¡Ay mamá, qué oso!". Lo peor, ni fingir la sonrisa sabía y quedaba plasmada para siempre.

¿Por qué mi actitud? Creía que no se disfrutaba el momento por querer forzar su inmortalidad y por compartirlo en redes sociales al instante.

Luego comprendí que esas fotos no son para mí ni para ella, sino para los que vendrán después.

Ellos van a querer ver a sus papás de niños y jóvenes.
Ellos van a querer saber cómo eran sus abuelos y bisabuelos.
Ellos se van a pasar horas viéndolas.

Se me va a iluminar el corazón con cada recuerdo y reconoceré que, como siempre,

Tenías razón, Mamá.

Sí, admito que ahora seré yo el que pida la fotografía.