Es muy cierto eso de que, en el lugar que menos esperas, puede llegar la vida a sorprenderte. Donde todo, aparentemente, ocurre con normalidad, entre el tumulto de gente, te topas con una persona que te hace enfocarte solo en ella.

Pasados los minutos, las miradas coinciden, te encargas de dibujar una sonrisa debajo de ellas y sigues con lo tuyo. Haces lo posible por no encontrártela de nueva cuenta, solo para volvértela a cruzar después. En cada episodio, sientes que el tiempo corre lento y una conexión indescriptible. Tu corazón se recarga de alegría e ilusión y la mente dice:

"Tranquilo, es mera cortesía."

Aún con esa avalancha de emociones, eres capaz de reflexionar sobre cómo el corazón siempre te dará motivos para latir una vez más.