Hoy escribo todas mis dudas.
Aunque, de primera instancia, me asusten.
Aunque no crea que están enraizadas en mí.
Aunque saquen mi peor versión.
Aunque existan en una realidad que, probablemente, nunca viviré.

Muchas de ellas son existenciales.
Otras no me las debería de estar planteando.
Algunas tienen caducidad.
Pocas son las que me surruran al oído que confíe en mí mismo y sea paciente.

Hoy escribo todas mis dudas.
Para inmortalizarlas.
Para que dejen de vivir en mi mente.
Para quitarles poder.
Para callarlas.
Para que algún día cobren sentido.
Para que, probablemente, nunca tengan respuesta.
Para recordar que soy humano.
Para tener en cuenta que, como yo, algún día llegarán a su fin.

Y así, tomarlas de la mano.
Porque me acompañarán toda la vida.