¿Recuerdas cuando de pequeño le tenías miedo a la oscuridad?

Apenas apagabas las luces de tu cuarto para dormir, te imaginabas que alguien salía del closet.
Apenas apagabas las luces de la cocina, salías corriendo, temiendo que alguien te persiguiera.

Ahora ya no le temes a la oscuridad, por el contrario, sientes una paz y una quietud enorme cuando te abraza.
A veces, prefieres quedarte inmóvil porque reconociste que tu luz interior es capaz de alumbrar hasta la más intensa e infinita penumbra.

Si eres capaz de reconocerte, en plena oscuridad, algo estás haciendo bien.
Si, a pesar de que muy apenas te puedes distinguir, puedes ver el reflejo de tu sonrisa, estáte tranquilo.
Si puedes ver más allá de la oscuridad y reconocer el futuro con claridad, plasmado en tus ojos, respira.
Si en tus manos puedes sentir un gran poder, más allá de lo intangible de la oscuridad, vas bien.