En muchas ocasiones, sueles hablar más de lo que escuchas. Sin embargo, cuando escuchas a alguien, puede que no lo hagas de la manera más óptima.

Es un hecho que quien se da el tiempo y atención para escucharte, te quiere muchísimo, le importas, quiere lo mejor para ti, "te conoce" y por ende, llega a aconsejarte.

Haz esto.
No hagas aquello.
¿Ya consideraste...?
Y, ¿qué pasaría si...?

Se te presentarán diferentes perspectivas, pero a la vez, puede que se siembre incertidumbre y duda, desestabilizando y sacudiendo aún más. Según tú, te desahogas pero te terminan inundando con alternativas, escenarios inesperados, situaciones no contempladas, etc. Lo peor, te quedas con sus palabras y no te dejan de dar vueltas en la cabeza. Olvidas que lo que nos dicen son proyecciones de ellos mismos.

Escucha, aprecia y toma en cuenta todo lo que te digan pero, irónicamente, ignóralo.

Tú mejor que nadie te conoces.
Tú mejor que nadie conoces la situación y/o contexto.
Tú mejor que nadie reconoces tu manera de ser y hacer.

Y, ¿sabes qué? Lo más probable es que desde un inicio ya tengas las respuestas que buscas.

Tal vez, la mejor forma de escuchar es hacerlo sin opiniones, juicios, percepciones, puntos de vista, cuestionamientos, sugerencias, etc. Siempre tratando de ir de la mano con la empatía, la compasión y la paciencia.

Si te es difícil encontrar a alguien que te escuche de tal forma, empieza por ti siendo esa persona. Interésate genuinamente en la plática, escucha para comprender y si se te da la oportunidad de hablar, que sea para decir lo siguiente:

¿Cómo te sientes?
¿Hay algo en lo que te pueda servir?
Aquí estoy para lo que necesites.
Todo va a estar bien.