Si una mañana te dicen...
-"¡Vámonos a tal lugar! Desconocemos qué es lo que vamos a hacer. Llévate un libro. Sólo tenemos un tanque lleno de gasolina y dinero para casetas."

Por instinto, dirías algo como lo siguiente:  
-"No, ¡cómo crees! Tengo cosas que hacer o tengo que estar aquí para tal hora. Mejor, otro día. Sirve que me organizo, bla, bla, bla..."

Sin embargo, contestas algo así:
-"¡Va! ¡Órale! ¡Me late!"

Cuando ya vas en el carro con tus cómplices y empiezas a salir a carretera, una voz en el fondo de tu cabeza te susurra:  
¿Qué estás haciendo aquí cuando deberías de estar en X o haciendo Y?

Siendo así que los primeros minutos del viaje te la pasas viendo el reloj haciendo los cálculos necesarios para alcanzar a regresar a tiempo y realizar todo lo que dejaste pendiente.

Por un instante, caes en cuenta de que todo tiene solución y no tienes que andarte angustiando ni arrepintiendo por la decisión que acabas de tomar. Basta con realizar unas llamadas o mandar algunos mensajes para delegar o posponer lo que tienes que hacer y estar en paz por el resto del viaje.

Lo interesante ocurre cuando aún habiendo definido previamente un destino, se te presenta la oportunidad de cambiarlo aunque esté más lejos que el original y así procedes.  ¿Por qué no? ¡Ya estando! Sólo son unos kilómetros y horas más.

Una a una van pasando las casetas:

  • Las canciones armonizan el ambiente.
  • Llegan las pláticas y anécdotas.
  • Retumban las risas en el carro por los chistes y bromas.

En un abrir y cerrar de ojos ya estás en el destino final:

  • Te asombras de la ciudad y su gente.
  • Tu guía turístico es Google Maps.
  • Recorres plazas y calles principales.
  • Degustas la comida típica.
  • Documentas toda la aventura.
  • Visitas un panteón.
  • Te reencuentras con tu postre preferido.

Es hora de volver:

  • Llenas el tanque de gasolina.
  • El camino ahora es tranquilo y relajante.
  • Unos toman siesta, otros están en proceso.
  • Empieza a caer la noche.
  • Las estrellas van apareciendo.
  • La Luna y Venus hacen lo propio.
  • Reconoces tu tierra.

Lo que en un principio pintaba para ser un día casual, termina siendo un día especial. Si un día antes te hubieran avisado de la aventura que vivirías al siguiente, no les hubieras creído, pero como dicen por ahí, lo mejor de la vida no se planea, sólo sucede. Lo mejor, te deja un sin número de anécdotas y un recordatorio de que hay que en ocasiones hay que dejarse llevar y disfrutar.